No tienes activado JAVASCRIPT en tu navegador, puedes navegar en nuestra Web tranquilamente, pero te recomendamos que lo actives para que puedas puedas utilizar nuestra Web con todas las funcionalidades.

Asumir que se padece una enfermedad mental

Asumir que se padece una enfermedad mental es un proceso largo y difícil. Como en todo, la madurez de la persona afectada y el apoyo de su entorno serán dos de los pilares fundamentales para acelerar ese proceso. No fue mi caso. Imagino que tampoco lo es el de la mayoría, debido a los tabúes existentes en torno a todo lo relacionado con la enfermedad mental. Es un tema que se desconoce, del que no se habla tan abiertamente como se hace con otras enfermedades, a no ser que se haga asociándose a algún delito violento. En esta nefasta asociación de 'enfermedad mental = violencia' los medios de comunicación son los reyes de la manipulación. Años y años a base de noticias escabrosas y películas hollywoodienses han bastado para imprimir en el imaginario colectivo que toda persona con enfermedad mental es un/a asesino/a en serie en potencia. Este colectivo, mi colectivo, es uno de los más estigmatizados. Y yo, como todo el mundo, antes del diagnóstico tenía ya unas ideas preconcebidas sobre lo que era ser un/a enfermo/a mental.

Han pasado casi 15 años pero recuerdo esa escena muy bien. Probablemente porque la he recreado muchas veces en mi cabeza. Tenía 18 años. Había sufrido varios ingresos. Esa mañana tenía cita con la psicóloga de turno. Ese día marcó un antes y un después en mi proceso de descubrimiento. La psicóloga me preguntó -¿Te han dicho en el hospital lo que tienes?-, yo no sabía de qué me estaba hablando:

-Tienes un trastorno de personalidad límite; es una enfermedad mental-. Me puse a llorar. No entendía nada. ¿Cómo podía yo tener una enfermedad mental? No era posible. La psicóloga, al ver mi gesto, añadió: -No pasa nada, igual que hay personas que tienen una dolencia física y tienen que tratarse, hay personas que tienen que tratar su mente-. A mi corta edad y con el gran desconocimiento sobre lo que me estaba ocurriendo, no fui capaz de entenderlo.

Y grité, lloré, negué, negué y negué... Hasta que comencé a entenderlo todo. Aunque hicieron falta años para llegar a ese punto.

Me hice adulta y comencé a asumirlo. Las crisis asociadas a mi enfermedad cada vez sucedían más espaciadas y poco a poco iba cumpliendo mis objetivos vitales. La aceptación fue un punto muy importante. Dejar de esconderme. Dejar de inventar excusas cuando tenía una crisis y no podía salir de casa. Dejar de inventar qué estuve haciendo de los 17 a los 20 años y dejar de justificarme por no vivir con mis padres. Me apoderé de mi etiqueta y me empoderé. Me dediqué a conocer, educar, asumir. Y vivir, siendo yo al completo, sin miedos, sin tabúes.

Almudena Luna Rodrigo Mora

Cargando, un momento, por favor